¿Qué relación guardan un bulo espacial y un caos comercial?
"Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado... ¡Espera un minuto! Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien... o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos... ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea…"
Así comenzaba el 30 de octubre de 1938 una de las historias de desinformación más célebres del siglo XX. La dramatización radiofónica del libro La guerra de los mundos, emitida en Estados Unidos, convenció a miles de oyentes de que una invasión extraterrestre estaba sucediendo en Nueva Jersey. Boletines de última hora, testimonios ficticios y conexiones "en directo" consiguieron transformar una ficción en una amenaza percibida como real.
Casi un siglo después, la tecnología ha cambiado, pero el mecanismo sigue siendo sorprendentemente parecido. La diferencia es que hoy la desinformación viaja más rápido, alcanza a más personas y puede generar consecuencias económicas inmediatas.
Durante la pandemia, rumores sobre escasez provocaron compras masivas y vaciaron supermercados en distintos países. Más tarde, falsas alertas sobre problemas de suministro desencadenaron colas kilométricas en estaciones de servicio europeas. En ambos casos, el problema inicial no era físico: era narrativo. Pero sus efectos sí terminaron siendo reales.
El problema ya no es únicamente la noticia falsa. Es el efecto económico que desencadena cuando miles de personas reaccionan simultáneamente como si fuera cierta. Y ahí reside uno de los grandes cambios del riesgo contemporáneo. La volatilidad ya no surge únicamente de conflictos armados, crisis financieras o catástrofes naturales. El último Global Risks Report del World Economic Forum advierte, de hecho, sobre la creciente capacidad de la desinformación para amplificar polarización, inestabilidad económica y tensiones geopolíticas. En ese contexto, una crisis también puede comenzar con un mensaje viral, una imagen manipulada o un vídeo fuera de contexto.
La irrupción de la inteligencia artificial añade una nueva capa de complejidad. La capacidad para generar contenidos falsos cada vez más sofisticados multiplica el potencial de desinformación, especialmente en momentos de tensión política, incertidumbre económica o fragilidad social. En un entorno hiperconectado, distinguir entre señal y ruido se ha convertido en una capacidad estratégica.
La incertidumbre ya no se percibe como una anomalía temporal, sino como una condición estructural del entorno empresarial. Según los datos para 2026 recogidos en el informe En Portada: La incertidumbre Geopolítica y Económica 2025 de Beazley, el 88 % de los directivos considera que la situación política global afectará a la capacidad de sus empresas para operar con rentabilidad, mientras que el 87 % prevé modificar proveedores o cadenas de suministro debido a las tensiones internacionales.
En este contexto, muchas organizaciones empiezan a revisar no solo sus infraestructuras tecnológicas o sus cadenas de suministro, sino también su capacidad para anticipar crisis de percepción, reputación o comportamiento colectivo. La OECD lleva tiempo alertando sobre el impacto de la desinformación en la confianza pública, la toma de decisiones económicas y la estabilidad institucional en entornos hiperconectados. Porque un rumor puede alterar patrones de consumo, una narrativa falsa puede afectar mercados y una campaña coordinada de desinformación puede amplificar tensiones geopolíticas o generar interrupciones operativas difíciles de prever.
La resiliencia empresarial, por tanto, ya no depende únicamente de proteger activos físicos o sistemas digitales. También exige comprender cómo circula la información, cómo reaccionan los mercados y cómo evoluciona el comportamiento social en escenarios de incertidumbre.
En un entorno donde lo intangible puede desencadenar consecuencias muy tangibles, la capacidad de adaptación se convierte en una ventaja competitiva. Y quizá esa sea la verdadera lección que conecta aquella falsa invasión marciana con muchos de los riesgos que hoy afrontan las empresas.
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