Software, sensores o fabricantes de coches autónomos tendrán responsabilidad en los accidentes

La llegada del coche autónomo a la circulación pública abrirá un nuevo escenario para la movilidad empresarial y la gestión de las flotas.

En este nuevo marco, Jhasa advierte de que el conductor no será el único responsable en los accidentes y que habrá que replantear cómo se asegura un vehículo cuando la toma de decisiones empieza a repartirse entre el conductor, el software, los sensores, el fabricante, el proveedor tecnológico y la propia empresa que lo incorpora a su actividad.

"El seguro de flotas se ha construido tradicionalmente a partir de variables conocidas, como el tipo de vehículo, el uso, la siniestralidad histórica, los conductores o los recorridos. Con la conducción automatizada, estos factores seguirán siendo relevantes, pero el análisis será necesariamente más complejo porque entran en juego nuevos actores y será esencial reconstruir con precisión qué ocurrió en caso de accidente", explica Clara Boyano, directora del Área de Flotas de la correduría.

Nuevos modelos aseguradores

Para Jhasa, el reto para aseguradoras, brókeres y empresas no consiste en esperar a que el vehículo autónomo sea una realidad masiva, sino en preparar desde ahora modelos aseguradores capaces de adaptarse a esa transición.

La firma identifica tres fases que empezarían por la personalización técnica de las pólizas, que deberán considerar qué tecnología incorpora cada vehículo, cuál es su nivel real de automatización, en qué condiciones se activa, quién la supervisa, cómo se actualiza y qué trazabilidad genera; el segundo paso será la integración del dato como herramienta de prevención. Las flotas conectadas permitirán detectar patrones de conducción, anticipar averías, optimizar el mantenimiento y reducir la siniestralidad. Al mismo tiempo, esta información abrirá nuevos retos en materia de privacidad, gobernanza del dato y responsabilidad contractual para acabar con la ciberseguridad. Un vehículo conectado es también un sistema tecnológico expuesto y, en el caso de una flota empresarial, cualquier vulnerabilidad puede multiplicar su impacto sobre la continuidad de la actividad.

En este contexto, coberturas que tradicionalmente se han gestionado por separado, como la responsabilidad civil, los daños propios, la asistencia, la pérdida de beneficios, la ciberseguridad, la protección de datos y la responsabilidad de producto, tenderán a converger en programas aseguradores más integrados.

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